Documentos de Rodríguez Lira

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Un libro, una historia

4. Libro: Lloró, Carlos (2016). El lugar donde nadie aplaude. Chile: Editorial Línea Estratos. 178 páginas.


NO SON POCAS las veces que se me han dado extrañas coincidencias en la obtención de algún libro, o en el descubrimiento de una agradable lectura. Esta es una de ellas. Cuando pensé en escribir cómo llegué a este libro quise contar una historia, pero no la tenía. Lo único que tenía era un grupo de casualidades dispersas. Leer el resto de esta entrada »

Un libro, una historia

3. Libro: Lem, Stanislav (2008). Solaris (Matilde Horne y F. A., trad.). España: Ediciones Minotauro. (Obra original publicada en 1961). 240 páginas.


MUCHAS VECES escuché que Solaris es una película con la que Tarkovski no había quedado satisfecho. En Esculpir en el tiempo, donde el cineasta reflexiona sobre su obra, expresa: «Pero desgraciadamente, en Solaris aún hubo muchos elementos de ciencia ficción, que distarían de lo esencial. Todas a aquellas naves espaciales que aparecían en la novela de Stanislav Lem, indudablemente, estaban bien elaboradas y tenían su interés, pero, vistas las cosas desde hoy opino que la idea fundamental de aquella película se habría expresado con mucha más claridad si hubiéramos prescindido de todo aquello.»  Leer el resto de esta entrada »

Paradero

LENTAMENTE la micro se va deteniendo en el paradero. Miro por la ventana a dos personas abrazadas, un hombre y una mujer. Ella lleva uno de esos overoles azules con los que algunas empresas marcan a sus trabajadores. Él viste de traje y corbata. Le cuelga un bolso deformado por el uso que originalmente fue hecho para cargar un computador personal. Están abrazados. Se miran. Un ciclista casi los golpea de tan cerca que pasa, pero ni se dan cuenta. Siguen unidos por una amarra invisible que los ata por la cintura. Leer el resto de esta entrada »

Recuperar

Mi amigo Sergio, usaba la palabra recuperar cuando robaba un libro. Recuperé ese libro de la biblioteca del colegio, o lo recuperé de la casa del profesor de alemán. Leer el resto de esta entrada »

IX. Falta de querer

IX

SALÍ PORQUE estaba cansado de la canción de Mon Laferte que tocaban a cada rato. Nunca la había escuchado. Creo que era de su disco nuevo. Al rato de estar paseándome en la tienda me di cuenta que era la misma canción que repetían una y otra vez. O tal vez no fue por eso que salí, sino porque no encontraba una prenda de mi talla. Leer el resto de esta entrada »

VIII. Falta de querer

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VIII

HABÍA OLOR a café y, como siempre, estaba lleno. El café literario del Parque Bustamante es un buen lugar para trabajar. Estuve un rato en el balcón del segundo piso. Luego en los sillones del primero. Entré para intentar escribir, pero no pude. No logré avanzar casi nada.

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VII. Falta de querer

VII

LE DIGO a un viejo amigo valdiviano que soñé con su prima. Es mentira, pero hace tiempo que me gusta. Un día, como una semana después que dejé de ver a Gabi, la confundí con una desconocida vestida de enfermera en la calle. Ahí empecé a planear cómo contactarla. Estaba en un barco, le dije, o en un tren, viajando, en algo que se movía. Ella pasó por el pasillo. La vi desde una pieza. Las paredes eran de metal, con ventanas cuadradas y chicas. Hazle una carta, respondió, me la mandas, la imprimo y paso a dejársela. En la noche le escribí algo. Leer el resto de esta entrada »

VI. Falta de querer

VI

FUE ALGO grosera. No exactamente grosera. Se defendió, creo, con una de esas expresiones que se usan en redes sociales. Esas risas irónicas de mal gusto. Jajaja!. Como diciendo que mi mensaje era tan tonto que le parecía gracioso. Pero no lo era, y entendió perfectamente lo que preguntaba. Usaba esas carcajadas burlonas para no responder. Le envié otro mensaje, y esta vez se expresó correctamente. Leer el resto de esta entrada »

V. Falta de querer

V

VOY CON los compañeros de la oficina a celebrar el cumpleaños del Seba. No son mis amigos, pero salimos a veces a emborracharmos. La mayoría fuma pitos, y aunque no fumo los acompaño. Solo dos de nosotros tomamos más de la cuenta. El bar nos queda cerca del trabajo. Por eso nos gusta, y porque tocan jazz. Leer el resto de esta entrada »

IV. Falta de querer

IV

LA SEMANA pasada fui a una feria del libro en el centro de Santiago. Di un par de vueltas, solo por costumbre. Y también porque no tenía nada más que hacer. Son tan aburridas algunas ferias de libros. Más que algunas, la verdad, casi todas son una gran lata. Me paseé viendo los cartelitos de las editoriales y mirando los estantes superficialmente, sin intención de buscar o encontrar algo. Cuando terminaba mi primera y única vuelta apareció una murga de jóvenes tocando instrumentos de viento y caja. Uno de ellos, el chinchinero, iba dando vueltas en el centro, haciendo la base que pauteaba toda la caravana. Eran esas típicas pasacalles, que aparecen ahora, tocando cumbia y música nortina. Se veían alegres. Realmente gozaban lo que hacían. Las niñas tenían cara de cansadas, pero se notaba que disfrutaban genuinamente los ritmos. Les tomé una foto con el teléfono, para enviársela a un amigo trompetista, y caminé a hacia otro lugar sin hacer ningún esfuerzo por pensar en qué momento perdí el entusiasmo por casi todo lo que hago.