Temporalidad

No sé a dónde voy cuando me pierdo en el tiempo. Dos cosas. La primera: mis amigos me han dicho lo joven que me veo. Probablemente es verdad que me he perdido en el tiempo. Aunque creo que algo así no pueda ser cierto. Pero no entiendo bien la realidad y me es difícil describirla tanto como a sus posibilidades. Lo segundo: he estado en un trabajo en donde el tiempo desaparece. Donde las semanas pasan como si fueran días. La elasticidad del tiempo en este lugar parece obedecer a reglas particulares, más psicológicas que físicas. O bien, más oníricas que reales. Pensado de esta forma perderse en el tiempo, en ambos casos, podría ser perfectamente posible.

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Árbol

I

Un árbol perdido en el espacio me separa del mundo. El tiempo pasa. El viento va como una fibra diminuta entre sus hojas. Se podría pensar fácilmente que el árbol se mueve solo. Y es cierto, se mueve. Un movimiento causado por él y por el viento. Se mueve y se deja mover. Está ahí, a disposición del movimiento, acusando el movimiento que nosotros no vemos. Leer más “Árbol”

Vagina IV

Sacas el pene de la piel carnosa y blanda de la vagina e inmediatamente el hoyo se cierra. Ves cómo sus labios se contraen lentamente. Una fosa pequeñita y ovalada que dice «o», al mismo tiempo que la boca de ella, su dueña, lanza un gemido también pequeñito. Te acercas y  asomándose con pudor hay un bultito rosado que apenas se ve. Y debajo, decorando esa carne fresca, una baba blanca que moja los bordes inferiores. Leer más “Vagina IV”

Noche

Suena la sirena de bomberos a lo lejos, se viene acercando. Es otra noche sin dormir. Acabo de terminar un relato que estará en una publicación próxima. En la mesa hay ocho libros apilados. Se les ven los marcadores de colores en el borde de las hojas. Es un espectáculo visual. Como unos monstruos con las lenguas afuera. De las otras habitaciones se escuchan murmullos, golpes de bultos que caen o azotan contra el piso. Son sonidos que terminan estrellándose contra algo blando y mueren ahí, secos, en la oscuridad. Hace meses que los vengo escuchando. Será mejor que avise a alguien, que lo comente. Estoy seguro que los otros reos también los han escuchado.

Vagina III

Las vaginas monstruosas son atractivas. Tienen esa boca chueca y negra como si te fueran a comer. Los labios salen como una mandíbula tentacular que te chupará entero, empezando por tu pituto. Te mira absorbida. Y su cara no se parece a la de su dueña. La cara de su dueña no da señales de que su boca de abajo tiene hambre. Esa boca abierta y jugosa te pide alimento, y solo quiere ser saciada. Su aspecto irracional también te dice, claramente, sin palabras, que necesita la misma locura que muestra. Vive en esa dimensión. Ha hecho suya la extraña lógica que está al margen de la línea acartonada de la racionalidad y las formas apolíneas. Necesita satisfacer su desenfreno y te avisa con su cara, con esa pose que denota su deseo, que no ha podido sostenerse más hiriéndose a sí misma. El deseo hiere. El deseo que intenta contenerse en un pedazo de carne pegajoso, húmedo, cabelludo. Porque nada puede sostener el deseo, ni el propio cuerpo.

Gritos

Los gritos de los niños al jugar son los mismos en toda época. Los mismos que daba yo, cuando era niño. ¡Ayuda! ¡auxilio! Pareciera que el guionista de la televisión o de la serie de YouTube fuera el que escribe nuestras vidas también. Unidos por hilos difíciles de desenredar y, por sobre todo, mostrar, hacen de la niñez un mapa para el desenlace de la adultez de mucha gente.

Traición (extenso)

I

No hay peor traición que la que comete aquel que se niega a sí mismo. Traicionarse a sí mismo merece la vida de sufrimientos.

II

Va a su trabajo rápido. Da un saltito para esquivar una posa de agua. Continúa un poco más agitado de lo normal. Para hoy nada extraño, lo mismo de siempre. La mañana estará tranquila. Por la tarde los niños y luego al supermercado. Leer más “Traición (extenso)”

Navidad

Hace años pasé una navidad en la calle. Estaba peleado con mis padres, pero ese no era el verdadero motivo. La razón que me llevó a hacerlo era acercarme a lo que yo creía era el espíritu de la navidad, o algo por el estilo. Estar con otros, vivir con los desposeídos. Aunque suene caricaturesco ahora, para el adolescente que fui era una acción obvia. Leer más “Navidad”

Basura

Al trabajar voy dejando la basura a un costado del escritorio, lejos de donde mantengo mi espacio de acción. Luego me paro, tomo los desperdicios y los llevo al basurero. A veces se acumulan en los bordes de la mesa. Las bandas prepicadas de las hojas, las migas de goma, los pedazos de mina. Me paro y vuelvo, hasta que los veo. Leer más “Basura”