Recuerdo de un encuentro poético

HACE AÑOS me encontré con un renombrado poeta de Talca en un baño de la universidad. Fue por casualidad. Había uno de esos congresos donde asiste toda la fauna intelectualoide de la ciudad, y yo también fui. Siempre quise escribirlo. En esa época hice unos apuntes con los cuales quería darle inicio a la historia.

Estaba lloviendo. Iba por los pasillos de la universidad con el Bestia conversando distraídamente. Uno siempre camina sin pensar mucho a donde va, si va con un amigo. Nos vemos, nos saludamos, intercambiamos algunas palabras y cuando descubrimos o planteamos nuestros destinos nos lanzamos a la caminata. Luego de eso somos dos embarcaciones parlantes que surcan por cualquier pliegue oceánico con el piloto automático hasta llegar a tierra. Así pasamos desde la cafetería al patio de los naranjos. Y en ese lugar la digestión nos obligó a hacer escala en el baño.

Cualquier estudiante de la universidad que me vea entrando al baño del patio de los naranjos sabe a qué voy. Porque, por una sincronización neurobiológica, amarrada desde alguna parte por la vergüenza que baja raudamente al horizonte de las tripas y termina en una extraña convención de mentes intestinales, los baños de la universidad están clasificados para diferentes funciones. El baño del patio de los naranjos es para descargar sólidos. Nadie se acerca a ese lugar para otra cosa que no sea eso. Y todo el mundo respeta ese designio.

Ahí me encontré con un tipo que ya estaba sentado retrete. Cuando me vio entrar y escuchó que abrí una llave del lavamanos me habló para pedirme papel higiénico. No tenía o se le había acabado. Así es que le presté unos pañuelos desechables que llevaba en la mochila. Hice ruidos en el lavamanos para no escuchar lo que hacía. Al acercarse, luego, al lavamanos, me dio las gracias, y salió. Nunca lo había visto. En mis apuntes continúo con lo siguiente:

Lo sorprendente es que cuando llegué a uno de los paneles del congreso, que quería hacerse cargo de la reflexión sobre la identidad maulina, desde la perspectiva del arte, estaba sentado, al lado derecho de un teólogo, el hombre que me había encontrado en el baño.

No lo advertí inmediatamente. Después que ya me había acomodado y cuando empezó a hablar, tal vez, reconocí la voz y la cara que me había dado las gracias. No podía creer la casualidad del encuentro en el baño. Y me daba risa la situación, no podía ver, en ese momento, al poeta que recién había conocido, con seriedad.

Aunque él había escrito unos de los poemas que me gustaba, que tenía pegado y le repetía a mis amigos, decidí irme. La situación me causó algo de contrariedad, considerando, además, que la sala en la que estábamos no era muy grande y los expositores estaban cerca. No sé, me sentí incómodo. Y eso que recién habían comenzado las presentaciones de la jornada.

Afuera todos corrían de allá para acá buscando salas, preguntando a donde quedaba tal edificio, o tal ponencia, en fin. Yo quería marcharme. Cuando salí de la universidad me fui pensando en ese poema que me gusta y que hubiese deseado haber escuchado.

Lo anoto, para que lo lean y ustedes también se queden pensando en el, y no en el hombre sentado en el baño:

La Náufraga

Vas a ser mi náufraga porque destrozaré tu barca,
te destrozaré chocando contra las rocas,
te ahogaré por debajo de la luna.
No dejaré siquiera una balsa para que respires
un segundo.
Respiro, y yo soy el mar que ahora te invade.
Vas a morir despacio en esta noche de torbellinos,
vas a desaparecer despacio cuando aparezca
la tormenta,
y mis relámpagos cristalinos, y mi boca como trueno,
y mis manos como ventisca por tus rocas.
Vas a ser sólo una mujer flotando en la inmensidad
del océano,
y el amanecer no aparecerá sin que nuestro fuego
se apague;
se apague con la sal de tus senos, las lágrimas
de tus pezones,
el llanterío de tu vientre y de tu piel.
Vas a ser tragada por este pez inquieto,
vas a convertirte en pez y esta vez yo seré el pelícano,
no quedará nada de ti cuando resucites,
difícilmente resucites.
Vas a ser mi náufraga porque destrozaré tu barca,
no existirán islas ni maderos, amor, solo marea.
Vas a ser mi náufraga y yo seré la barca hundida
en tu cuerpo.

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