III. Falta de querer

III

SOLÍAMOS EMPEZAR los entrenamientos de fútbol dando vueltas a la cancha. Siempre partíamos así la mañana. Trotando, luego seguíamos con otros ejercicios. A veces el calentamiento era más largo de lo habitual porque el entrenador, o preparador físico, tenía que hacer otra cosa y quedábamos corriendo solos. Como nadie nos observaba varios paraban y se sentaban. Otros conversaban mientras esperaban al entrenador. Algunos, estúpidamente, continuaban trotando. Yo era uno de esos.

          Permanecer corriendo o pararse a conversar no tenía nada que ver con el rendimiento en el resto de la práctica, que era cuando el entrenador miraba y hacía sus elecciones para el partido del fin de semana. La verdad, es que hubiera sido estúpido de mi parte alegar que ese tipo de rectitud, con respecto al calentamiento, me daba más autoridad para estar presente en todos los juegos. Aunque siempre quise que eso se considerara, sobre todo en las veces que quedé de reserva.

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