VII. Falta de querer

VII

LE DIGO a un viejo amigo valdiviano que soñé con su prima. Es mentira, pero hace tiempo que me gusta. Un día, como una semana después que dejé de ver a Gabi, la confundí con una desconocida vestida de enfermera en la calle. Ahí empecé a planear cómo contactarla. Estaba en un barco, le dije, o en un tren, viajando, en algo que se movía. Ella pasó por el pasillo. La vi desde una pieza. Las paredes eran de metal, con ventanas cuadradas y chicas. Hazle una carta, respondió, me la mandas, la imprimo y paso a dejársela. En la noche le escribí algo.

          Han pasado tres meses desde que escribí la carta. Y mi amigo, cada vez que le pregunto, me asegura que se la entregó.

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