Manos

Las manos de las mujeres son todo un mundo. Hubo un tiempo que pensábamos, con mis amigos de colegio, en la forma de la vagina viendo las manos de una mujer. No sé, la carne de la yema y la forma de los dedos, los colores vírgenes que esconden las uñas, el tipo de piel. Eso parecía, en nuestra imaginación adolescente, que era una anticipación o muestra de las partes más escondidas del cuerpo femenino. Pero no. Hoy me parecen seres aparte. Como si tuvieran vida propia. Algunas tienen cicatrices, modos extraños, surcos graciosos, matices llamativos. Toda una vida independiente del cuerpo que las carga.

La longitud de los dedos siempre me ha parecido un misterio. Tan decidor como los movimientos de una mano entera. La maestría con la que sus dedos se mueven me puede indicar, por ejemplo, el carácter de una persona, si esa persona es tímida o no, si es brusca, si es decidida.

Al mismo tiempo, las manos de la mujeres van unidas, en una sincronía de complementariedad visual, a otras partes del cuerpo. Por ejemplo, las manos se parecen a los hombros, y también a los pies. Aunque, claramente, las manos no son de la misma especie de los pies, porque los pies son unos seres distintos. Pero tienen relación en el tono de la piel y un tipo de forma que se da en ellos de otra manera. La nariz es otra parte que va en concordancia con las manos. En muchas mujeres sus manos y su nariz son la misma cosa, tanto que verlas con la mano en la nariz es una verdadera belleza. Un auténtico lujo visual.

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