Hospital

Cuando una persona se enferma o tiene un accidente comienza a pensar seriamente en la muerte. Es en ese momento cuando la vida se sopesa y se hace una revisión evaluativa. O más bien, conclusiva. Seguro que más de alguien dirá que todo el tiempo se está haciendo esa revisión, en retrospección, sobre los actos propios. Aunque, también, más de alguno creerá que simplemente actúa. Pero ambos coincidirán en que en estos momentos se hacen algunas conclusiones que, por lo general, con el pasar el tiempo no te hacen cambiar nada.

Esas conclusiones tienen un rostro. Una forma, una expresión. Eso es lo que veo cuando paso por fuera de un servicio de urgencias del hospital y advierto los semblantes de la gente. Introspección, congoja, desesperanza y arrepentimiento.

El cigarro en la boca se quema lento, y la mano tirita al tomarlo. Se enciende una lucecita roja escondida en una capucha que desnuda la mirada oscura, severa, hacia un horizonte que no existe. Esa es la cara de las preguntas serias, de las conclusiones a destiempo. Un grupo de mujeres conversa más allá, pisan algo con el pie, lo aplastan circularmente, haciendo saltar chispitas que expiran en el suelo. Hablan con solemnidad, en voz baja, con la vista agacha.

El ambiente es de una angustia mortal. Aunque no faltan las risitas estoicas de aquellos que están acostumbrados a la desventura y ya saben cómo afrontarla. Pero no se puede hacer mucho contra la horrorosa realidad en la que todos están cubiertos. Y las risitas se van apagando, hasta arrugar la piel de las caras y esconderlas en ese triste gesto de seriedad y pesimismo.

Deja una respuesta

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Salir /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Salir /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Salir /  Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: