Florero

Las camelias mueren en el florero. Caen, lacias y opacas. Los pétalos se caen de repente. No hay ningún momento mágico con las hojas volando como sucede con los árboles de otoño. No hay oportunidad para encontrar bella su muerte. Su color cambia abruptamente. De los vivos y frescos tonos a un café amarillento y sucio.

La casa se llena de un horrible olor. En verdad no es tan malo, pero es desagradable. No va con el decorado ni con el ambiente de la habitación. El agua del florero también se ha vuelto oscura y maloliente. Tiene un vegetal viscoso flotando que se adhiere al tallo y lo mancha. El tallo se ha chupado. Es un retrato de lo que podría ser mi propio envejecimiento.

Hago un círculo rápido con el brazo para espantar a los mosquitos que sobrevuelan la mesita. No sé qué bichos serán estos, ni a qué han venido. Me hacen sospechar un extraño rito funerario cortejado por estos moscos. Como si la naturaleza quisiera enseñar qué hacer en caso de muerte. No. Eso es ir demasiado lejos. Tomo las flores y las llevo al basurero.

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