Bicicleta de provincia

Contrario a lo que sucede en las grandes ciudades de Chile usar la bicicleta en las ciudades pequeñas de provincia no tiene el mismo encanto. En las grandes ciudades hay algo de apropiación ideológica del ciclópodo. Cuando se anda en bici es como si hicieras algo más que usarla como medio de transporte. No es solo montarla, no, también es estar en la vanguardia del uso de medios de transporte amigables con la ciudad y llevar una vida sana. En las ciudades pequeñas de provincia todo es menos ostentoso, y diría, también, más natural, ya que no hay un discurso alrededor de su uso. Me atrevería a decir que la bicicleta aquí está asociada, más que nada, a la costumbre y a la pobreza.

Junto con los niños, estudiantes o profesionales idealistas, que con el tiempo terminan venciéndose por el estatus y la comodidad del automóvil, la bicicleta es usada por personas en precariedad o que mantienen una forma de vivir en desuso, de otras décadas, que en definitiva, es otra forma de vivir marginados. Nada menos teatral y lejos de una vanguardia ecologista o demócrata. Estas personas son vistas como un especie de ideal que no hay que seguir. Un ideal que hay que mirar solamente y admirar mientras desaparece en su propia verdad, pero nunca copiar en su totalidad porque, precisamente, es una realidad que tiene algo de decadente y no parece tan progresista.

Se pueden ver en las frías noches del invierno sureño, donde la niebla no deja ver más de dos metros de distancia, o en las acaloradas tardes, con el cuello quemado y brillante de sudor, a las personas montadas en su bicicleta con algo de dolor, como si estuvieran cansados de sus trabajos, de sus vidas, no de pedalear. Rara vez van con cascos, ropa deportiva, máscaras para la polución y ropa antitranspirante como los que cabalgan en la ciudad. No harán protestas todos los martes ni nada por estilo. Sería absurdo. Ellos no han elegido la bicicleta. Este medio es, probablemente, lo último que les queda, lo usan porque no hay más o porque es más cómodo vivir como siempre se ha hecho.

En las grandes ciudades también se pueden ver a estos dos jinetes. En las zonas periféricas cabalga un tipo de ciclista parecido al de las ciudades pequeñas junto al otro vanguardista. A veces resulta curioso ver convivir en una misma pista dos realidades que no tienen nada que ver una con la otra.

3 opiniones en “Bicicleta de provincia”

  1. Nunca lo había visto así. Es verdad que asociamos ir en bici con ecológico, guay, naturista… etc, etc, etc…en las grandes ciudades claro, pero qué buen apunte el crear conciencia de lo absurdo del que lo tiene todo y hay parte de engorde de ego en su acción. Y la llanez y simpleza del que no tiene más remedio. Gracias.

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