Árbol

I

Un árbol perdido en el espacio me separa del mundo. El tiempo pasa. El viento va como una fibra diminuta entre sus hojas. Se podría pensar fácilmente que el árbol se mueve solo. Y es cierto, se mueve. Un movimiento causado por él y por el viento. Se mueve y se deja mover. Está ahí, a disposición del movimiento, acusando el movimiento que nosotros no vemos.

II

La extraña psicología de este árbol que está en el medio del camino me enloquece. Se mueve normalmente, pero no puede ser igual a otro árbol en un parque lleno árboles. No puede ser igual al que está en un bosque. Me intriga saber la relación que este ser vivo tiene con su entorno. Me enloquece pensarlo en soledad. La soledad es locura. Es locura ver la soledad de los solitarios. De los que sobreviven en la intimidad consigo mismos, agobiados de sí mismos. Como islas sin puentes. Mares sin orillas.

III

Se abre el puente en un movimiento de difícil comunicación. Un puente de una isla. De un árbol hacia otro ser vivo, en el extraño lenguaje en que dos formas de vida pueden comunicarse. Pueden unirse. Para trascender a fuera. Hacia el futuro. El pasado está a dentro. El futuro a fuera.

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