Cuervo

Foto: Sebastián Cifuentes, Instagram.

Al principio me asusté, pensé en el poema de Poe. Un ave golpeando la ventana, mirándome con esos ojos redondos y enigmáticos. Si hubiera sido una vez está bien, lo dejo pasar, pero varias veces, me dio miedo. Miedo a primeras, porque cuando salí de la pieza lo pensé más y lo acomodé mejor a la razón. Claro, miedo, digamos, es lo primera reacción que me nace ante las cosas que pueden tener un significado distinto al de su apariencia ¿Y qué tal si todas esas visitas significaban algo que está fuera de mi comprensión? o ¿qué tal si esta ave encontró algo que necesita aquí y viene seguido a buscarlo?

Busqué alguna relación, un nexo taxonómico, algo que rectifique mi intención de terminar uniéndolos con lazos de pura imaginación, y nada.

Busqué en Google qué ave era. No se me hizo tan fácil. Yo solo he escuchado nombres de pájaros, pero nunca he sabido cuál es cuál. Vi las características en las que tengo que fijarme para identificarlo. El pico, la cola, los colores, los ojos. Lo tengo, es un zorzal. Me calza, estoy en una zona rural y siempre he oído que se habla de “los zorzales”. Veo más fotos de aves. Sí, estoy seguro.

Leo: el nombre científico del zorzal chileno es turdus falcklandii magellanicus, de la familia de los turdidae. El zorzal es un tordo. El tordo es una ave negra, como un cuervo. Ahí me detengo. Negro como un cuervo. Eso es lo que quería saber para atar mi experiencia de ser visitado por una ave cualquiera, común y corriente, con otra de tradición literaria. Busqué alguna relación, un nexo taxonómico, algo que rectifique mi intención de terminar uniéndolos con lazos de pura imaginación, y nada.

Vuelvo a la habitación. Otra vez está ahí, picoteando el vidrio de la ventana. La dejaré abierta, haré como que salgo para espiarlo por el borde de la puerta. Me resulta. Entra despacio, moviendo la cabeza con giros inesperados, nerviosos. Busca en mi escritorio. Se equilibra bien en las patas, camina erguido, dando saltitos sobre mis libros. Escucha algo, vuelve la cabeza. Creo que me vio, o me oyó, no sé. Da unos pasitos rápidos y sale por la ventana. Esto seguramente lo pagaré después, pienso, y cuando vuelva estaré dormido. Entrará sin que lo advierta, será mejor armar la cama en otro lado.

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