Oración para el hijo que está lejos

Virgen María, cuida de mi hijo.

Mécelo en la noche dulce
de la jornada bien hecha
para que duerma tranquilo,
con el corazón lleno. Leer más “Oración para el hijo que está lejos”

La tarde

Sobre los techos
la mirada
se extiende,
y lo que se ve
se queda
aunque sé
que hay más.
Escondido para mí,
vivo para otro.

Desde aquí
la ventana de el frente
está en sombras.
Desde el frente,
quizás yo soy la luz,
y mi nostalgia
se quema
con el sol
de la tarde.

No hay más
que pueda decir
sobre el paisaje.
Solo eso.
Y el decir
es todo.

Fenómenos (cosas)

Todo lo oído
es ruido.
Toda condensación
de la experiencia
parece acecharme
con fuerza centrípeta.

Y todo parece
llegar a mis sentidos
de manera estrepitosa,
gritando,
pidiendo,
negando,
como si las cosas
no tuvieran a otro
para vivir,
para mostrarse,
para ser.

Las cosas
son almas desesperadas
en busca de un puente
que las lleve a la luz.

La mañana (referente)

La mañana quiere ser viento,
y el viento tímido entre los vocablos
se esconde tras los enunciados temporales.

Cada deseo busca al referente
que es imagen de alguna cosa.

Y la mañana huele a futuro,
amarrada al comienzo de los días
por un río profundo de correspondencias.

Cada referente es la vestimenta
y la posta de un deseo ambulante.

El premio de la derrota

Te escuché hablar, amigo mío,
y la gente enloqueció
con tus palabras.

Crecieron en sus ojos
las llamas de la aventura
con el cuento que les relataste.

Pero a pesar del hechizo,
de hundir suave y profunda
la hoja en la masa expectante,
de ser espejo de sus muecas,
de que estuviste con ellos,
el pueblo, como los viejos perros
de una calle húmeda y fría,
tiene la boca abierta
para el que les da comida.

Y escribo: Esa es tu lucha.
Por la algarabía,
no por el viaje.

El viaje está lejos todavía.