La misma ropa

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Foto: @ingrid_gasic, Instagram.

Una vez fui a ver una exposición de la obra de Andy Warhol. En una de las salas había un espacio donde mostraban antecedentes de su vida. Se indicaba que, luego de alcanzar cierta notoriedad, el artista decidió vestirse de un estilo determinado: pelo blanco, lentes oscuros, pantalones y beatle negro. Algo parecido escuché sobre Einstein y Steve Jobs. Que tenían en el closet cambios de las mismas tenidas. Leer más “La misma ropa”

Bestia

Foto: @jafcphotos, Instagram.

Ayer en la marcha me pregunté por mi amigo Sergio. ¿Qué será de él? Supe, vagamente, que estaba viviendo en el campo, redimiéndose. Un conocido en común me lo contó mofándose. Es imposible no recordarlo en medio de tanta gente marchando. Viendo el odio contenido por la injusticia social. Leer más “Bestia”

Vagina IV

Sacas el pene de la piel carnosa y blanda de la vagina e inmediatamente el tajo se cierra. Ves cómo sus labios se contraen lentamente. Una fosa pequeñita y ovalada que dice «o», al mismo tiempo que la boca de ella, su dueña, lanza un gemido también pequeñito. Te acercas y  asomándose con pudor hay un bultito rosado que apenas se ve. Y debajo, decorando esa carne fresca, una baba blanca que moja los bordes inferiores. Leer más “Vagina IV”

Vagina III

Las vaginas monstruosas son atractivas. Tienen esa boca chueca y negra como si te fueran a comer. Los labios salen como una mandíbula tentacular que te chupará entero, empezando por tu pene. Te mira absorbida. Y su cara no se parece a la de su dueña. La cara de su dueña no da señales de que su boca de abajo tiene hambre. Esa boca abierta y jugosa te pide algo, y solo quiere ser saciada. Su aspecto irracional también te dice, claramente, y sin palabras, que necesita la misma locura que muestra. Vive en esa dimensión. Ha hecho suya la extraña lógica que está al margen de la línea acartonada de la racionalidad y las formas apolíneas. Necesita satisfacer su desenfreno y te avisa con su cara, con esa pose que denota su deseo, que no ha podido sostenerse más hiriéndose a sí misma. El deseo hiere. El deseo que intenta contenerse en un pedazo de carne pegajoso, húmedo, cabelludo. Porque nada puede sostener el deseo, ni el propio cuerpo.

Miradas

Camino por la calle, apurado. Debo llegar a tiempo a mi trabajo. Voy pensando en cómo empezar la jornada o si llevo cargada la tarjeta para pagar el pasaje. En la mañana trato de avanzar rápido. No es necesario, en realidad, que vaya tan de prisa, tengo el tiempo controlado. Me despierto a tal hora, me levanto, me ducho, me visto. Tomo desayuno y parto. Quince minutos para esto, diez para lo otro, doce minutos para tomar locomoción. Todo el tiempo dentro de la economía de los hechos. Puedo ir más lento. Pero la gente me obliga a estar vigilante y caminar a un ritmo que no quiero seguir.  Leer más “Miradas”

Manos

Las manos de las mujeres son todo un mundo. Hubo un tiempo que pensábamos, con mis amigos de colegio, en la forma de la vagina viendo las manos de una mujer. No sé, la carne de la yema y la forma de los dedos, los colores vírgenes que esconden las uñas, el tipo de piel. Eso parecía, en nuestra imaginación adolescente, que era una anticipación o muestra de las partes más escondidas del cuerpo femenino. Pero no. Hoy me parecen seres aparte. Como si tuvieran vida propia. Algunas tienen cicatrices, modos extraños, surcos graciosos, matices llamativos. Toda una vida independiente del cuerpo que las carga. Leer más “Manos”