Árbol en el viento

A diez metros hay un árbol que se mueve con el viento. No sé si decir exactamente que es el árbol entero el que se mueve, porque su tronco parece fijo. Pero desde dónde empiezan las hojas hacia arriba su cuerpo se menea con un balanceo ondulante. La parte de superior es la que más se balancea. Hacia un lado y hacia otro. El viento no se ve, pero sabemos de él por los objetos que son movidos por su paso. En este caso, por el árbol.

Las ramas, que son de un verde opaco, toman distintos matices de acuerdo a su exposición al sol. Así se pueden ver unas manchas negras, que le dan profundidad a los distintos planos de su follaje, y otros más claros, cercanos al verde musgo. En ese campo de matiz visual las ramas se bambolean como si fuera la superficie del mar. Como si estuvieran naufragando. Pero, claro, atadas a un gran tronco.

Lo singular de cualquier árbol es la disposición de sus ramas. Unas van hacia arriba y se doblan a medida que van alcanzando altura. Otras caen y apuntan hacia abajo. Pareciera que el peso de las hojas es más fuerte que el ímpetu de la rama para sostenerlas y, sin ninguna intención moral, miran al piso, con tanta dignidad como si miraran hacia arriba. Hay otras, también, a cierta horizontalidad con el piso, aunque a distintos niveles de distancia del suelo. Esas son las que se bambolean como si estuvieran en el mar. Se abren y se cierran como los dedos de una mano para saludar y alentar la mirada de cualquier paseante distraído que no esté dispuesto a dejarse atrapar por tanto meneo.

El árbol nunca está quieto. Aunque a veces aparenta que lo está porque el viento ya no sopla tan fuerte. Otras veces, ese balanceo es tan notorio que podría arrancar la rama. Quienes usaron, por primera vez, la madera para otros fines además de la combustión eran muy buenos observadores de la naturaleza. La verdad es que si te fijas un momento te sorprendería el movimiento constante. Para cualquier observador desprevenido y desinformado esto será un engaño, y podría hacerlo pensar que su origen no es otro más que la propia vida independiente del árbol. Seguro, para mi, no es más que un encuentro con el viento. Al menos es lo que más tiene sentido juzgando desde aquí.

4 comentarios en “Árbol en el viento”

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