John Coltrane

Nota III

ES FÁCIL contagiarse con el optimismo de Mr. P.C. Grabada en 1959 para el disco Giant Steps, fue escrita en honor al contrabajista Paul Chambers, que toca en esta versión. El tema abre con una melodía en Do menor para lanzarse, luego de dos vueltas.

Y ahí vamos. En una vertiginosa senda armónica. Nunca sabes bien por dónde te llevará. Coltrane te indica lugares que no conoces. Va alumbrando con su linterna los senderos. Te alumbra uno, pero toma otro. Te indica hacia allá, pero pronto estás en otro lado. La linterna se enciende y se apaga de un soplido. No importa cuántas veces escuches la misma grabación. Siempre te hará creer que puede llevarte en otra dirección melódica.

Con una escala que se toca la espalda. Sin esfuerzo se retuerce, y vuelve sobre sí. Da vueltas. Me conmueve esa extroversión introspectiva, si se puede llamar así. Salir para volver sobre sí mismo. Reflexionar, en definitiva, con el sonido. Después, una progresión lenta hacia abajo. Para tomar fuerzas y subir, rápidamente, con todo el aire. Ahí crees que parará, pero sigue. Con un hilillo tembloroso. Temblor que no es de cansancio, no. Sino, más bien, de presencia ante los límites. Porque Coltrane toca los límites cuando exhala. Y tantea constantemente cómo traspasarlos. Sin conocer el sendero para escapar. Porque toda búsqueda debe abrirse camino, y así es como avanza.

De pronto se calma y sede al piano. El piano camina sigiloso por las cuerdas del bajo que le dan un camino tendido y elástico. Ambos caen como gotitas sobre el piso. Notas que atraviesan el tiempo en puntillas, por temor a despertar el monstruo del tiempo, contra el cual están tocando. O porque, para atravesar por la casa de aquel gigante, hay pisar delicado, sigiloso.

Entra el chamán. Seguro. Esta vez alternando con el baterista, porque esta es música de amigos, para amigos. Música dichosa, donde todo tiene espacio. Se frena y los tambores se precipitan. Caen a la oscuridad interrumpiendo la nada. Quiebra el silencio, pero Coltrane lo emulsiona, y quiebra de nuevo, y nuevamente el óleo sagrado del soplido que une la canción en una hebra que no se rompe.

Pero no todo es eternidad. Aunque Coltrane nos haga pensar que sí. Dos vueltas, nuevamente, y cierre. Lanzando una nota elevada para prolongar el recuerdo alegre de esta amistad que ha regresado a la vida en estos siete minutos.

Deja una respuesta

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Salir /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Salir /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Salir /  Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: