Bolso

El otro día encontré un bolso que compré, hace tiempo, en una ropa americana, en el sur. Es un bolso de estilo medio militar, verde oliva, con broches de metal. Durante esos años acostumbraba a recorrer la ropa usada para encontrar alguna pilcha en buen estado que me gustara.

Mientras estuve junto a Ximena nos peleamos la propiedad del bolso. Ella lo usaba como cartera. Se lo colgaba para salir a distintos lugares con toda autoridad como si fuera suyo, aunque siempre tuve la astucia de prestárselo para hacer sentir mi poder sobre él. Tenía que ser yo el que la autorizara a usarlo, para demostrar que el objeto  efectivamente era mío.

Un verano mi hermana vio el bolso y también le gustó. Tuve que hacer lo mismo que hacía con Ximena, permitir que lo usara para que no me lo quitara con esos trucos que emplean los hermanos mayores.

Volví a encontrarlo hace poco, dentro de una caja, cuando me cambiaba de departamento. Estaba con otros objetos que ya no utilizo. Al verlo recordé, también, que nunca lo usé. Siempre lo tuve ahí, a la espera de darle alguna utilidad hipotética que jamás concreté.

Incluso, para no botarlo y sacarle algún provecho, por un tiempo lo llené con parches, cámaras y herramientas de bicicleta. Pero no servía para eso porque las herramientas eran pesadas y se abría, y las cosas se caían. Además, parecía una cartera de mujer. No me sirvió para nada, en realidad, y tal vez, como bien sabían Ximena y mi hermana, el bolso efectivamente era una cartera.

 

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